Dormir bien para envejecer mejor

Cuando se aprende algo se forma un nuevo recuerdo que sigue una trayectoria específica de registro para su almacenamientos en el cerebro.

El primer momento es la Adquisición o el instante en que se incorpora la información. Puede ser, por ejemplo, una lección en la escuela, o el nombre de una persona desconocida. En el inicio, la memoria es vulnerable a las interferencias del medio. A medida que pasa el tiempo, se estabiliza y se almacena, lo que constituye la segunda etapa o Consolidación de la memoria. Todos estos pasos se dan gracias a distintos cambios en los circuitos neuronales y que involucran expresión de genes y proteínas específicas, y se puede acceder a esta información durante la fase de evocación o recuperación”.

Si bien hasta hace un tiempo se pensaba que una vez consolidada la memoria, sólo el olvido podía alterar las memorias o recuerdos, y la ciencia ha mostrado que hay maneras de reactivarla. Esto ha sido probado en numerosos experimentos con modelos animales, entre ellos cangrejos, pollos, peces. En humanos pasa lo mismo: si se re-expone al individuo a un elemento que haya estado presente en el momento del aprendizaje, como puede ser un olor o un sonido, la memoria se reabre y en el proceso de cierre, llamado Reconsolidación, puede modificarse en distintos sentidos: perjudicarse, reafirmarse, o sumar información. Aunque estos procesos han sido más estudiados en vigilia, el sueño es considerado una variable de peso teniendo en cuenta que la actividad cerebral no se detiene, sino todo lo contrario. “Se ha comprobado científicamente que dormir acelera los tiempos de las fases: En una persona despierta, la memoria demora más de 6 horas en reconsolidarse. Si se acuesta a dormir, eso sucede en apenas 90 minutos, por esta razón resalta la importancia que tendría la posibilidad de que los niños duerman una breve siesta en la escuela para que los contenidos se fijen mejor.

Se sabe que la fase del sueño más importante para la consolidación de nuevas memorias es la que se denomina “de ondas lentas”: un sueño profundo en que el cerebro oscila entre estados de mínima y máxima actividad, estableciendo comunicación entre dos centros de almacenamiento centrales: el hipocampo, que aprende muy rápido pero guarda la información por poco tiempo; y la corteza cerebral, que incorpora más lentamente pero fija las memorias de manera permanente.

En esa transferencia de información hay momentos de reactivación de memoria que suceden espontáneamente pero que también pueden inducirse, al igual que en la vigilia, mediante la presentación de un elemento sensorial que remita al momento del aprendizaje. En experiencias con personas a las que se les da una tarea, por ejemplo memorizar cartas o conjuntos de sílabas, y luego duermen una siesta, hemos observado que el rendimiento es mejor en quienes fueron estimulados durante el sueño de ondas lentas. Las memorias con contenido emocional y las que son relevantes para el futuro son las más favorecidas por el descanso”.

Como estas ondas lentas del sueño van disminuyendo con la edad, estudiar su funcionamiento resulta una fuente esencial para las investigaciones en torno a enfermedades como Alzheimer o demencia senil, o simplemente para actuar sobre la pérdida de memoria en adultos mayores sanos. Existen métodos para estimular la frecuencia de las ondas lentas en el cerebro de personas durmiendo, y el grupo de investigación está trabajando en un desarrollo no invasivo para personas de edad avanzada.

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