Riesgos de comer poca grasa y muchos carbohidratos

Riesgos de comer poca grasa y muchos carbohidratos

La relación entre los macronutrientes y las enfermedades cardiovasculares y la mortalidad es controvertida, por lo cual se han hecho estudios clínicos que permitan aclarar estas inquietudes.

El estudio Prospective Urban Rural Epidemiology (PURE) es un gran estudio epidemiológico de cohortes de individuos de 35 – 70 años (inscritos entre el 1 de enero de 2003 y el 31 de marzo de 2013) en 18 países. Se registraron la ingesta dietética de 135.335 individuos utilizando cuestionarios de frecuencia de alimentos validados. Los resultados primarios fueron la mortalidad total y los principales eventos cardiovasculares (enfermedad cardiovascular mortal, infarto de miocardio no mortal, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca). Los resultados secundarios fueron todos los infartos de miocardio, los accidentes cerebrovasculares, la mortalidad por enfermedades cardiovasculares y la mortalidad por enfermedades no cardiovasculares. Los participantes se categorizaron de acuerdo a la ingesta de nutrientes (carbohidratos, grasas y proteínas) en función del porcentaje de energía aportada por los nutrientes. Evaluamos las asociaciones entre el consumo de carbohidratos, grasa total y cada tipo de grasa con enfermedad cardiovascular y mortalidad total.

Durante el seguimiento se registraron 5.796 muertes y 4.784 eventos importantes de enfermedad cardiovascular. Una mayor ingesta de carbohidratos se asoció con un mayor riesgo de mortalidad total pero no con el riesgo de enfermedad cardiovascular o mortalidad por enfermedad cardiovascular.

La ingesta de grasa total y cada tipo de grasa se asoció con un menor riesgo de mortalidad total. Un mayor consumo de grasas saturadas se asoció con un menor riesgo de accidente cerebrovascular. La grasa total y las grasas saturadas e insaturadas no se asociaron significativamente con el riesgo de infarto de miocardio o mortalidad por enfermedad cardiovascular. La ingesta alta de carbohidratos se asoció con un mayor riesgo de mortalidad total, mientras que la grasa total y los tipos de grasa individuales se relacionaron con una menor mortalidad total. La grasa total y los tipos de grasa no se asociaron con enfermedad cardiovascular, infarto de miocardio o mortalidad por enfermedad cardiovascular, mientras que la grasa saturada tuvo una asociación inversa con el accidente cerebrovascular. Las directrices alimentarias mundiales deberían reconsiderarse a la luz de estos hallazgos.

– Las dietas altas en carbohidratos (especialmente refinados, como azúcar, cereales, pasta) son las más peligrosas. El consumo de azúcar y almidón aumenta en un 28% el riesgo de muerte temprana.

– Las dietas bajas en grasa también aumentan el riesgo de enfermedades. Los sujetos con menor ingesta de grasa tenían un riesgo un 13% mayor de muerte temprana.

– Los consumos elevados de grasas redujeron el riesgo de muerte temprana hasta un 23%. Con consumos aún mayores el riesgo volvía a aumentar ligeramente. Según los investigadores el punto justo está en consumir un 35% de las calorías diarias de grasa.

– Las grasas saturadas (grasas animales, aceite de coco) no resultan perjudiciales, e incluso aparecen como ligeramente beneficiosas. Las grasas monoinsaturadas, como el aceite de oliva, siguen siendo beneficiosas. Los aceites de semillas (grasas poliinsaturadas) no son beneficiosas, solo neutrales

– Las grasas de los lácteos y la carne blanca (pollo) son ligeramente beneficiosas. Las grasas de la carne roja son neutrales, no perjudiciales, desde el punto de vista de las enfermedades cardiovasculares.

– Hoy se sabe que los niveles altos de colesterol LDL no afectan al riesgo de enfermedades cardiovasculares, pero la concentración de las partículas de LDL sí, y esto depende de una proteína llama ApoB. Más ApoB, mayor riesgo. En el estudio se observa que los carbohidratos hacen aumentar los niveles de ApoB, mientras que las grasas saturadas hacen que desciendan.

– Las dietas muy bajas en sal producen más muertes por enfermedades cardiovasculares, no menos.

– En personas sanas, al aumentar la sal, el riesgo no aumenta. En personas que ya son hipertensas, eliminar la sal es tan mortífero como el exceso. Por debajo de 5 gramos al día hay riesgo para todo el mundo.

– El estudio no encontró fundamento para la recomendación de “5 porciones de fruta o verdura al día”. Al aumentar el consumo de verduras no se observaron efectos protectores, con lo que las verduras resultan neutrales. Las frutas tienen efectos positivos a partir de una pieza al día, pero por encima de esa cantidad no se encontraron más ventajas. A cambio, con el aumento del consumo de legumbres sí se detectaron beneficios.

– En el estudio el pescado y los huevos resultan ser neutrales: no son perjudiciales, pero tampoco reducen el riesgo significativamente. En realidad el efecto protector ocurre al eliminar alimentos perjudiciales de la dieta y sustituirlos con pescado y huevos.

 

Fuente: http://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(17)32252-3/abstract

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: