Un colorante alimentario puede afectar la flora intestinal

Un nuevo estudio en ratones ha puesto en duda la seguridad de uno de los colorantes alimentarios más empleados, el E171, el cual parece ocasionar enfermedades inflamatorias intestinales.

El colorante alimentario «Dióxido de titanio» (E171) su utiliza para blanquear: chocolates, dulces, chicles, helados, yogures, salsas y también medicamentos.

Hace tiempo que entre los expertos en alimentación se duda sobre la seguridad de uno de los aditivos alimentarios más empleados en la industria, el E171, presente en más de 900 productos, compuesto por nanopartículas de dióxido de titanio. Ahora, una nueva investigación realizada con ratones en la Universidad de Sydney, y publicada en Frontiers in Nutrition, señala que la ingesta de dichas nanopartículas presentes en este aditivo podría afectar a la microbiota intestinal, en concreto, a la actividad de las bacterias que se encuentran en el intestino, lo que podría derivar en enfermedades inflamatorias intestinales o cáncer colorrectal, según apunta Wojciech Chrzanowski, uno de los coautores del estudio.

Para el estudio se añadió E171 al agua que ingerían los ratones y se encontró que el dióxido de titanio no cambio la composición de la microbiota intestinal de los animales, pero sí afectó a la actividad de las bacterias y promovió su crecimiento en una forma de biopelícula no deseada, que se relaciona con enfermedades como el cáncer colorrectal.

Según los investigadores australianos, la exposición de dióxido de titanio ha aumentado considerablemente en los últimos diez años debido a su presencia en alimentos, medicamentos, cosméticos, la ropa, el papel…. Aunque está aprobado para su uso alimentario, algunos investigadores afirman no hay pruebas suficientes sobre su seguridad e inocuidad para la salud y se ha relacionado con algunas enfermedades.

No es la primera vez que los científicos alertan sobre este aditivo. En 2017 científicos el Instituto Nacional de la Investigación Agronómica de Francia (INRA), estudiaron los efectos de la exposición crónica oral al dióxido de titanio de uso común y demostraron en animales que atraviesa la pared del intestino. Los investigadores señalaron que esa ingesta indujo de forma espontánea lesiones preneoplásicas en el colon en el 40% de los animales. 

Sin embargo y ante las dudas que su uso incitó, en 2016, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) manifestó que con los datos entonces disponibles la ingesta oral de dióxido de titanio no suponía un riesgo para la salud humana. No obstante, este organismo también añadía que eran necesarias nuevas investigaciones que esclarecieran los posibles efectos negativos del E171. Francia anunció recientemente que prohibía la utilización de este aditivo en productos alimentarios a partir de 2020, después de que sus autoridades sanitarias concluyeran que no existe suficiente evidencia que garantice su inocuidad.

Aunque el estudio se ha realizado en ratones, los autores del mismo sugieren que su empleo o consumo debería estar mejor regulado por las autoridades alimentarias.

https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fnut.2019.00057/full

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